pichiruchi: (hosu)
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Título / Tittle: Lost Boys / Chicos sin rumbo
Escrito por / Written by: [livejournal.com profile] coconutjack
Pareja / Pairing: Enfocado en Changmin, OT5
Género / Genre: Universo Alterno, Drama
Clasificación / Rating: PG
Resumen / Summary: Changmin conoce a Jaejoong primero, una fría tarde de diciembre.
Original: Último capítulo / Last Chapter
Traducido por / Translated by: [livejournal.com profile] pichiruchi
Notas de la Traductora: Para Joha porque insistió (?) también porque no tenía nada mejor que hacer gracias al paro. Y para que más personas puedan disfrutar de esta hermosa historia. Si no se le ponen los ojos llorosos, no tienen corazón.


Lost Boys

Chicos sin rumbo



Uno

Changmin conoce a Jaejoong primero, una fría tarde de diciembre. Es su primer día de haber huido, un niño renegado en las calles de Seúl, y está estancado entre el Norte y El Sur del río Han en una tempestuosa estación de tren, cuando el ágil hombre pálido captura su mirada, una mancha de escarlata (¿Dónde encontró ese abrigo? Se pregunta Changmin) en un mar de gris y ébano.

Él ve a Jaejoong mientras recorre sigilosamente uno de esos pequeños puestos que venden guantes, y mira como el hombre mayor se guarda un par en los bolsillos con una velocidad y destreza que sus ojos apenas son capaces de capturar. Un minuto está allí (negro, grueso, probablemente de algún tipo de lana, cuesta 10.000 won) luego la mano de Jaejoong pasa sobre él y desaparece.

Changmin lo observa con asombro, sus propias manos manteniendo un fuerte agarre en la cámara que está colgada alrededor de su cuello. Quizás Jaejoong lo siente, porque él alza la mirada, lo ve parado allí, luego da una pequeña sonrisa confiada. Changmin retrocede casi con miedo (tal vez ignorar las peticiones de su padre de que tomara clases de taekwondo de niño fue una mala idea) a la vez que el hombre mayor se acerca hacia él con la gracia y elegancia de un felino confiado. A pesar del frío, Jaejoong solo tiene un abrigo (escarlata, no lo olvidemos) sobre una fina franela y pantalón de jean, además de unas botas llenas de lodo y un gorro de lana que luce gastado que mantiene en su sitio mechones de cabello negro azabache. Cuando un amargo viento pasa con un rugido a través del cavernoso túnel de una estación, Jaejoong apenas demuestra que le afecta, y es allí cuando Changmin comienza a preocuparse.

—Yo-Yo no vi nada, — tartamudea porque no hay otras palabras que sean capaces de salir—Lo juro.
Él levanta sus manos en señal de rendimiento.

Su bolso se cae con un duro golpe sobre el piso de baldosa, derramando dulces empaquetados y varios artículos de primera necesidad (leche de banana, un rollo de kimbap) que Changmin considero lo suficientemente valiosos para que desperdiciaran espacio en su bolso (él, después de todo, estaba huyendo). El espera que sirva de bastante distracción, para que le permita el tiempo suficiente para pensar (quizás volar) en una ruta de escape, pero el hombre frente a él no le presta atención al desastre a sus pies.

—Eso es bueno, — Dice Jaejoong, su voz es tan baja como un suspiro, una pequeña sonrisa aún se cuelga en su rostro. Tiene el rostro de un ángel, pero su tono guarda un dejo peligroso. Changmin traga saliva inconscientemente mientras mira como los ojos oscuros de Jaejoong viajan de arriba abajo en un cuidadoso escrutinio de él, su atuendo, su presencia. Manos delgadas se acercan y demarcan los lados del rostro de Changmin con largos, finos dedos, su roce frío y como si fuesen de plumas, antes de que se desvanezcan cuando son metidas en las profundidades de los bolsillos de los pantalones de su dueño. A él no parece importarle los cientos de personas yendo alrededor y a través de ellos, todos posibles testigos de cualquier situación desagradable que pueda ocurrir, porque se escabulle más cerca antes de señalar la cámara a la que Changmin aún está sujeto. —Esa sí que es una linda cosa. ¿Te importa si la veo?

Temiendo por su vida (porque sabrá Dios qué clase de cosas esconde este tipo de personas bajo sus ropas, ¿aparte de guantes robados?), Changmin rápidamente se quita la tira que sujeta la cámara y la coloca sobre las manos expectantes (y limpias también, sorpresivamente, pero rojas por el frío) de Jaejoong. El mayor, la voltea, la agita y la mira de cerca antes de colocarse la tira alrededor de su propio cuello.

—Creo que a tu edad, ¿Deberías saber que no es sabio hablarle a extraños? — El tono del mayor tiene la intención de ser dulce, pero tiene algo que hace que al cuello de Changmin se le ponga la piel de gallina.

—Yo…— el abre y cierra su boca, deseando que alguna respuesta ingeniosa decida salir, pero toda la lógica lo ha dejado, el miedo en su mente envolviendo su ser por completo sin dejar espacio para alguna otra emoción. Tontamente levanta su mano con la palma arriba esperando recibir su cámara de vuelta.

—Tsk tsk. ¿Supongo que te fue enseñado que el compartir es ser solidario? ¿Qué siempre es mejor? ¿Que es correcto? ¿Cortés? — Jaejoong chasquea su lengua mientras sacude su cabeza. Hay un brillo en sus ojos. —Esperaba una mejor crianza de un…—Una sonrisa burlona es lanzada en su dirección —Bien educado joven como tú.

Incómodo bajo su mirada, Changmin se aleja, repentinamente con su segundo paso su espalda se encuentra con la pared. ¿Qué es lo que hizo que lo reconociera?

—Abrigo de calidad, posiblemente nuevo. Probablemente un suéter debajo. Bufanda de casimir. Guantes de cuero. Colonia, ¿Ralph Lauren? ¿O es Burberry? Nunca fui bueno distinguiendo esencias. Sin mencionar esta cámara. ¿Debería continuar? — Changmin siente como se hace pálido pero no dice nada. Una pequeña risa sale del lugar donde está el hombre mayor, dientes blancos y rectos que brillan bajo las luces fluorescentes. —Así que… ¿Cuál es el problema? ¿Padre estricto? ¿No puedes tomar el mando familiar chaebol*? ¿No es un poco inmaduro el huir?

Sangre se apresura a las mejillas de Changmin y sus dedos de encierran en puños.
—No… es nada que te incumba.

Jaejoong se encoge de hombros, sin afectarse.

—De cualquier forma, ya que has sido lo suficientemente grosero como para no decir tu nombre -oh allí está-ha sido un placer conocerte… Shim Changmin, — sus ojos se encogen al leer la marca en la tapa de metal en la parte de debajo de la cámara. Con sus ojos aun brillando, alza su mano y da un pequeño saludo. —Soy Jaejoong. Youngwoong Jaejoong. Gracias por la cámara. Espero que tengas un lindo rato con tu pequeña aventura. ¡Que tengas un buen día!

Y Changmin mira con horror como Jaejoong retrocede, su sonrisa aún marcada, se voltea y se derrite en la multitud, el desastre de escarlata y ébano desapareciendo en la nada, como si nunca estuvo ahí.

*chaebol: significa heredero en coreano.



*chaebol: significa heredero en coreano.








Dos


La primera noche es memorable.

—Soy Jaejoong. Youngwoong Jaejoong. Gracias por la cámara. Espero que tengas un lindo rato con tu pequeña aventura. ¡Que tengas un buen día!

Changmin hizo un intento de perseguirlo, pero era como si el hombre había sido tragado completo por la Tierra. Tanto con su corazón y mente alterados corrió de arriba abajo, a través y afuera de la estación con la inútil ilusión de ver un destello de escarlata o de la sonrisa burlona que se ha quedado grabada en su mente, solo para encontrarse con el panorama de cientos de rostros sin nombre que lo empujaron y lo movieron sin descanso a un lado con la llegada de cada tren. Desalentado, deja la búsqueda para otro día, mareado con confusión e incredibilidad. No puede creer su mala suerte; primera vez que usa el transporte público y ya lo asaltaron. Se imagina que ya debe haber marcado un record regional.

—Soy Jaejoong. Youngwoong Jaejoong. Gracias por la cámara…

Llueve a la media hora y gotas frías como el hielo comienzan a caer en cascada de un cielo invernal sin nubes (ni estrellas). Changmin encuentra un refugio inmediato bajo el techo inclinado de una parada de autobús llena, apretujándose entre hombres de negocios y ajummas* que están más que un poco dispuestos a montarse en cualquier cosa que los lleve una milla más cerca de casa.

—Soy Jaejoong. Youngwoong Jaejoong…

Aun cuando la lluvia no ha cesado, se abraza a sí mismo y se mueve hacia adelante para llamar a un taxi, desesperado por continuar con lo que se suponía era su plan a prueba de tontos. El taxista le grita por sentarse mojado sobre el interior de cuero pero se calla cuando varios billetes son agitados en frente de su cara. El nombre de la sauna al que desea ir (su propia letra es absurda, ¡apenas y puede leerla!) es dicha con obvia dificultad pero no les toma mucho el finalmente ponerse en marcha. Changmin mantiene su mirada hacia afuera, mirando como las luces de la ciudad de Seúl manchan de amarillo y blanco a través de las ventanas empapadas.

—Soy Jaejoong—

Un reporte es anunciado en la radio, soltando un crujido de estática antes de volver a la vida.

—El hijo único de una de las figuras políticas más prominentes de Corea del Sur, Shim Changwook, ha sido reportado como desaparecido desde tempranas horas del día de hoy. Los detalles no han sido revelados por su padre ya que aún se necesita determinar si se trata de algo sucio o se trata de acciones voluntarias que han sido llevado a cabo, pero la policía le están asegurando el retorno de su hijo a salvo...

Algo en el interior de Changmin duele y le dice al taxista que se detenga. El chofer le lanza una mirada de incrédulo.

— ¿Estás loco? ¡Estamos justo encima del Han!

—Déjeme tan pronto como lo hallamos cruzado. Le pagaré el doble.

Es allí que su plan a prueba de tontos se desvanece, y Changmin se encuentra solo, en la oscuridad, medio empapado por la lluvia, caminando ciegamente del camino al refugio bajo el puente, sus zapatos y abrigo terminan salpicados con lodo y mugre y su cabello pegándose a su cara.

La oscuridad bajo el puente es tan gruesa que casi puede tocarse, y Changmin con escalofrío intenta hacer una fogata primitiva (gracias a Buda por sus lecciones de boy scout) con un juego de fósforos a prueba de agua y un montón de sus exámenes viejos de álgebra que ha sacado del fondo de su bolso.

Él está buscándome, piensa, él está buscándome pero no va a atraparme. Nunca. Ni en un millón de años.

Logra crear una pequeña fogata chisporrotea y cruje débilmente bajo la protección de sus manos juntas. Cuando está seguro de que no se le va a apagar, saca algunas raciones (leche, una bolsa de galletas, algo de kimbap) y comienza a comer, su mirada clavada en la intermitente fogata. Encima de él, oye y siente a la ciudad continuar rugir con vida, el ruido y el zumbido de los carros yendo de un lado a otro del puente Hangang, llenan sus oídos como algo tan increíblemente desconocido por primera vez en su vida.

No extraña la cálida comodidad de su cama (o quizás solo se está engañando a sí mismo), o nada relacionado con su hogar, pero no niega que está temeroso (¿quién sabe que merodea dentro y alrededor de Seúl una vez que se extinguen las luces de la ciudad?), sin mencionar frío y hambriento. Las emociones cosquillean su interior pero las rechaza (no hay espacio en lo absoluto para las emociones ahora mismo), mejor enfocando su atención y energía en mantener la fogata encendida. Susurra una oración a cualquiera que este escuchando, murmurando un débil “Por favor mantenme a salvo” a través de sus labios que tiritan. En algún momento entre crear un nuevo plan a prueba de tontos y cuestionarse cuál debería ser su próximo paso, Changmin junta sus rodillas a su pecho y se rinde al sueño, soñando con abrigos escarlata y hombres de rostro pálido, con rastros de lágrimas secándose a los lados de su cara.

Logra sobrevivir así por unos dos días más, evitando lugares al aire libre conocidos también como lugares con muchas luces brillantes (“La policía continua en la búsqueda constante del heredero Shim—”). No puede decir que se está acostumbrando a este nuevo estilo de vida de despertar hambriento y estar constantemente húmedo, pero está decidido, y la determinación lo empuja a tomar duchas en baños abandonados, usando solo un poco del shampoo y jabón que empaco, y conformarse con tener solo paquetes de biscochos para las tres comida (casi vomitó la primera vez que lo intentó, pero está tratando).

Compra ropa nueva con el dinero que sacó de su cuenta el día que huyo, nada costoso, pero suficiente para mantenerlo limpio, cálido y seco. Se hace a la idea de que encontrará una manera de llegar al aeropuerto sin llamar la atención, comprar un boleto de avión y volar al otro lado del mundo (No debe ser tan difícil, ¿ahora que está solo, o sí?) No es tan malcriado e ignorante), lejos del agarre de su padre. Aunque no ha abandonado la búsqueda de su cámara y se encuentra a sí mismo en la estación del tren otra vez, una última vez que se lo va a permitir antes de darse por vencido, antes de (aunque le rompa el corazón en pedacitos pequeñitos) considerar la cámara como algo que nunca volverá a ver.

Primero se dirige a una tienda, sintiendo el familiar dolor que acosa a su estómago, y toma varios cartones de leche de banana. Está cerrando la puerta de la nevera con una pequeña patada cuando nota a otro chico, un poco mayor que él, agarrando la misma cantidad de comida de otra nevera. Luego de verlo por un rato, Changmin se da cuenta que la mayoría de la comida sujetada está yendo a los bolsillos dentro del gran abrigo que el chico está usando.

—Oye—Empieza a decir Changmin, pero se detiene cuando el chico lo mira, sus ojos de par en par al haber sido descubierto, pero con un parpadeo brillante que no amenaza; ruegan, incluso.

— ¡Shh! — Dice el chico, aun agachándose. Una mano se alza y Changmin es sorprendido cuando siente que es jalado hacia abajo para estar al mismo nivel que el chico; nunca se imaginó que el chico fuese tan fuerte. —Yoochun está enfermo así que necesitamos tanta comida como podamos. Pagaré por algunos pero no puedo pagarlos todos así que sería de gran ayuda si te mantienes callado sobre esto.

Changmin no se siente amenazado, pero la necesidad de acusar al chico rápidamente se desvanece de él como humo. Asiente y una sonrisa, brillante, cálida y genuina, ilumina el rostro del otro chico.

—Eres un buen compañero. Ahora levántate y déjame pagar antes de que alguien sospeche— Una palmada en la espalda y ambos están de nuevo de pie.

—Espera espera… ¿Qué tal si te ayudo a pagar por todo lo que quieres comprar? Quiero decir... si de verdad lo necesitas y todo, puedo ayudarte…— Se asombra de sí mismo con la propuesta inesperada, pero siente una inmensa necesidad de cumplirla. ¿Quién es el Yoochun que está enfermo? ¿Quién es este chico que recurre a robar para darle una buena nutrición? Los ojos del otro chico se abren bastante y el regocijo es aparente en sus facciones.

— ¿Lo harías? ¿De verdad? — Comienza a aplaudir pero la pequeña montaña de leche de banana y de leche achocolatada amenazan con caerse de sus manos. Changmin asiente.

—Ven, déjame darte una mano…— Juntos van caminando hacia el mostrador y en el camino Changmin agarra aún más comida: papas onduladas, manzanas, biscochos, pan. El hombre en la caja registradora les levanta una ceja cansada mientras colocan el montón de comida. Aunque al ver el dinero en la mano de Changmin, la ceja baja y es reemplazada por una sonrisa.

—Que tengan un bien día chicos — les dice el hombre mientras les pasa dos grandes bolsas llenas de comida. Changmin se la pasa al otro chico quien se jacta de pura alegría al recibirla.

—Espera a que Yunho escuche acerca de esto, va a dar una voltereta. — El chico está hablando a una milla por minuto ahora. Es un poco más pequeño que Changmin aunque obviamente mayor. Una bufanda negra deshilachada está amarrada fuertemente alrededor de su cuello y el gran abrigo que está usando tiene algunos botones perdidos (aunque, alguien ha sido lo suficientemente ingenioso para mantenerlo cerrado con la ayuda de algunos alfileres). A sus pies hay un par de zapatos que lucen como si hubiesen visto mejores días, y su pantalón de jean está roto, revelando el blanco leche de sus piernas.

— …¡y Jaejoong! De cualquier forma, estoy contento de haberte conocido, quizás ¿te veré de nuevo? Por cierto mi nombre es Junsu, pero realmente me tengo que ir ya que probablemente Yoochun está esperando. Te pagaremos de alguna forma, estoy seguro, a Yunho no le gusta no devolver favores. ¿Cuántos años es que tienes?

Sacado de sus pensamientos, Changmin parpadea una vez antes de responder.
—dieciocho, tengo dieciocho. — ¿Cuál era su nombre? ¿Junsu?

Otro balbuceo de alegría escapa de los labios de Junsu, recordándole a Changmin del sonido de una corriente de agua. Sonríe al sonido. — ¡Dieciocho! Pero mira, ¡Eres joven! ¡Entonces, tendrás que llamarme hyung**! Y yo creía que yo era joven entre nosotros cuatro. Apenas tengo veinte. Yoochun tiene veintiuno igual que Yunho. Aunque Jaejoong tiene veintidós.

El nombre molesta en la mente de Changmin, como un pedazo de piel atascado en un cable con púas. Mira a Junsu, abre su boca para preguntar, pero el chico ya está despidiéndose con la mano, ya está corriendo lejos, sus dedos rojos por agarrar las dos pesadas bolsas que están en sus manos.

—Te veré de nuevo, ¡Estoy seguro! ¡Adiós por ahora!

Y, ante él como Jaejoong, Junsu se desvanece entre la multitud, la única evidencia de que su presencia alguna vez estuvo allí siendo la chillona sonrisa infantil que aún hace eco en los oídos de Changmin.





*ajumma: señora mayor en coreano.
**hyung: manera de dirigirse un hombre menor a uno mayor en Corea, generalmente cuando son cercanos y significa “hermano mayor”.







Tres

Para el quinto día ya ha averiguado donde están los autobuses que van al Aeropuerto de Incheon y está parado en la fila entre un anciano débil y una pareja de enamorados, encorvado en el frío, el bolso que lleva acentúa su apariencia de parecerse a una especie de tortuga gigante que tiene palos por piernas. Extraña su cámara, la extraña como si ha perdido una de sus propias piernas, pero lucha con la necesidad de continuar deseando desesperadamente por tenerla de vuelta. Tiene sólo el dinero necesario para comprarse un boleto sólo de ida a un lugar cercano, pero se imagina que cualquier lugar servirá. Espera y sueña que va a parar en algún lugar cálido.

Nadie lo ha reconocido, al menos por ahora. Varias veces casi se ha cruzado con oficiales de la policía que sostienen fotografías de él (horrorosas, por cierto; es su fotografía más reciente de la escuela) a los transeúntes, pero siempre consigue suficiente tiempo para alejarse sin ser notado.

La flema se gorgotea en su garganta y tose, su mano volando automáticamente a su boca para cubrirla. Oye de nuevo la voz de ella, como ha estado haciéndolo estos últimos días (culpa a la patética cantidad y calidad de la comida que ha estado ingiriendo), casi siente sus gentiles caricias a los lados de su cara: Esa es una mala tos, Changmin, cariño. ¿Haz tomado tu medicina para la tos? Cubre tu boca, cariño, no es educado andar simplemente tosiendo en público…

Un gran resoplido y sonidos de alegría y Changmin abre sus ojos de nuevo. El autobús ha llegado.

—Tenemos ordenes especiales de la policía de revisar a los pasajeros que van a subir. Están buscando a ese chico Shim, creo…— El conductor observa su fila, sus ojos yendo de una cara roja por el frío a la siguiente.

—Tú… ¡Oye tú!

Changmin corre.

Nunca ha sido un corredor rápido (nunca antes ha corrido en realidad, excepto cuando fue obligado a hacerlo en la clase de deporte), pero el sonido de los silbatos y gritos detrás de él lo empujan a no pensar sino a maldita sea ¡Solo corre! Da vuelta en un callejón, casi cayéndose sobre su cara en el proceso. Sus pulmones y costados están quemándose y quiere vomitar, pero no se detiene.

— ¡Oye!

Cruza otro callejón, escuchando como los pasos a su espalda se hacen más cercanos. Sudor frío baja por su frente. No, no, no me atraparás, su mente gira desvariadamente, el mundo a su alrededor precariamente balanceándose en el borde de la luz y la oscuridad, No voy a permitirlo.

— ¡Oye! ¡Detente!

Una cerca de metal bloquea su camino. Sin pensarlo (nunca se ha atrevido ni a trepar un árbol por el amor de Dios), se tira encima de la cerca, sus dedos sujetándose fuertemente al frío metal, sus zapatos resbalándose y corriéndose varias veces hasta que alcanza la parte de arriba. Con brazos y rodillas débiles, aterriza del otro lado con un golpe sin gracia, rompiendo su chaqueta en los bolsillos.

No no no no…

El mundo se desmorona a su alrededor y Changmin cae, de rodillas, sobre el frío pavimento. Puede sentir como la mitad de su cuerpo se quema con fatiga y dolor mientras la otra rápidamente se adormece acostumbrándose al frío del piso en el que está acostado. Respira con agudos resoplidos, la flema de su garganta amenazando con ahogarlo.

—Oh Jesús… oh por Dios…—oye a alguien decir, y luego todo se desvanece.

La próxima cosa de la que Changmin es consciente, es de que sigue sobre su espalda, pero en algún lugar, alguien está tarareando una suave tonada, las notas gentiles y reconfortantes resonando en las paredes de la habitación (está en una habitación, ¿Si? Aunque aún hace frío, no hay enfermizos vientos invernales soplando más allá de sus rodillas). Todo está oscuro y pesado, da un chillido sin querer, sus puños se aprietan a sus lados.

— ¿Me he quedado ciego? ¿Dónde estoy? — su voz es más alta de lo normal y su corazón está acelerado. Una mano fría se posa en su frente y él se retuerce bajo el roce. — ¿Quién eres? ¡No me toques!

—Tranquilo, tranquilo— la voz es profunda y hace recordar al bajo murmullo de un río, las palabras ondulando con facilidad de la lengua de quien está hablando. —Y no hagas ruido, despertarás a Yunho. Abre tus ojos, pero lentamente, de lo contrario va a doler.

¿Yunho? Él ha oído ese nombre antes. Levanta sus párpados con más esfuerzo de lo usual y hace una mueca de dolor mientras la luz ámbar del sol entra a sus ojos. Una silueta se mueve sobre él, para bloquear los rayos de luz. —Te dije que lo hicieras lentamente. Perdona que no pueda hacer nada por la luz. Mantiene el lugar caliente por ahora así que no nos molestamos en cubrir la ventana.

Changmin entre abre los ojos. La silueta se acerca, lo mira de cerca, y el rostro de un chico sale a la vista. A diferencia de él, este chico luce con más conocimiento del mundo y su cara está pálida y cansada, pequeña bajo un montón de cabello coloreado de negro azabache que le llega y reposa sobre su nuca. Aunque, sus ojos, parecen contener la totalidad de su juventud, mientras miran a Changmin con una mirada traviesa y curiosa. —Me alegro de ver que estás despierto. Se te bajo la fiebre hace un rato así que probablemente estás sobre el camino hacia la recuperación.

Un arranque de miedo atraviesa las venas de Changmin. Esto definitivamente no es un hospital. Se sienta de manera súbita, alarmando al chico, y se escabulle hacia atrás con la ayuda de sus codos hasta que su espalda choca contra una pared. Se recuesta sobre ella, ahora su mente está alerta, su cuerpo se está preparando para correr si ha de ser necesario.

— ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? — Su cabeza palpita mientras intenta absorber su entorno rápidamente. Está en una pequeña habitación sucia (tan pequeña como una caja) que está amoblada con nada excepto por una fina sábana sobre el piso que (él concluye) hace de cama. La luz del sol está filtrándose por una ventana sucia, bañando la habitación de oro e iluminando el rostro del chico al que le está hablando, y otro que está acostado en el piso en el lado opuesto de la sábana en el que estuvo hace unos momentos (inconscientemente se avergüenza del pensamiento), un bulto bajo una montaña de abrigos y una sábana que se está tornando gris. Desde donde está, Changmin puede percibir la parte de atrás de una cabeza de cabello enredado.

Su mente salta a una conclusión. — ¡No tengo dinero que darte! Na-Nadie sabe dónde estoy, haré lo que sea que me pidas, por favor no me mates…

El chico lo mira boquiabierto como si le acaban de salir cuernos de la cabeza. — ¿Qué-? ¿Quién está matando a quién? ¿Acaso te luzco como un maldito asesino? Y te dije, no hagas ruido—. Él señala a la persona que duerme y se mueve hacia Changmin.

—Si es dinero lo que quieres— pero Changmin es silenciado por un siseo agudo.

— ¿Crees que has sido secuestrado? — El chico suelta un resoplido burlón, sus ojos desvaneciéndose hasta formar pequeñas líneas mientras sonríe. Arrugas por reír decoran su cara. —No seas ridículo, ninguno de nosotros es así de estúpido. Además, ¿Quién te crees que eres? ¿Especial o algo? — El chico da la vuelta y se dirige hacia la puerta. —Siéntate cómodo y haz silencio; Te traeré un poco de ramen. Has estado dormido por casi un día.

Cuando regresa, Changmin no se ha movido ni siquiera una pulgada de donde está. Aún está usando las ropas que recuerda haber estado usando y las cosas dentro de sus bolsillos están intactas. Decide atrasar el preguntar por su bolso, recordando que su pasaporte y tarjeta de ciudadanía están allí, evidencia de su identidad.

—Pareces hambriento— el chico comenta, luciendo asombrado. Le ha pasado el plato de ramen hirviendo y un par de palillos que sacó de sus bolsillos (a quién le importa si son estériles o no) y Changmin está en el proceso de devorarlo, con un hambre feroz por haber sido privado de buena comida por tanto tiempo. —Por cierto me llamo Yoochun. Mi amigo Junsu fue quien te trajo aquí. Él dice que vio cómo te desplomaste en el callejón. También dijo que fuiste el que lo ayudo a pagar por la comida que trajo.

Junsu. El nombre encaja en la mente de Changmin y mira hacia arriba, sus mejillas llenas. Yoochun. Yunho. Recuerda al chico en la estación de trenes. Así que este era Yoochun, esta persona delgada y que luce tan débil que está sentada en frente de él, luciendo casi perdido en un suéter de una talla más grande en el que Changmin nota más de unas cuantas manchas decorando las manga. Si estuvo enfermo Changmin se imagina que ya debe estar mejor, viendo que es él quien está cuidando de él.

—No tenemos mucho dinero, pero es lo menos que podíamos hacer. Ojo por ojo y todo eso. Siento que te hayas asustado. — Las palabras de Yoochun son lentas, cuidadosas y medidas, calmando a Changmin. No siente nada negativo acerca de este chico, si no por un aire de travesura. Se relaja un poco más. —Aunque aún estás en Seúl. Este lugar abandonado por Dios al que llamamos casa. — Hay un centello de luz en sus ojos. — ¿Cuál es tú nombre?

—Changmin. — Es cuidadoso en no decir su apellido. Uno nunca puede confiarse tanto. Yoochun asiente y toma su plato vacío. —Gra-Gracias por la comida. Perdona si fui… grosero al principio.

Ve la curiosa mirada en los ojos de Yoochun, pero el chico no hace más preguntas. —Junsu estará en casa en un rato. Yunho hyung… él está un poco decaído por el clima. Probablemente lo conocerás cuando esté más lúcido; él es tan molesto cuando está enfermo. Tenemos otro hyung. Pero él ha estado afuera desde ayer, no sé dónde está. Pero seguro regresa. Siempre regresa…

Changmin siente que se ha olvidado de algo. Un detalle crucial que sabe que debería recordar. Está dispuesto a recordarlo cuando la paz en el apartamento es perturbada. En algún sitio alguna puerta se abre de golpe y siente como las paredes tan delgadas como un papel hacen que todo el apartamento tiemble bajo su piel. Se oyen unas fuertes pisadas de botas.

— ¡Yoochun! — el tono es alto y alegre, pero afilado con algo más que un rastro de picardía. Changmin ve como Yoochun abre su boca para contestar pero es detenido cuando una sombra bloquea la puerta, y Changmin es recibido con la vista de Jaejoong -Youngwoong Jaejoong - sacando varias bufandas de los bolsillos internos de ese espantoso abrigo escarlata, una sonrisa contenta desplegada sobre su cara.

—Tomé una azul para ti, Chun, y verde para Yunho… A Su no le va a importar que sea gris ¿o sí? La ajumma que vendía estas estaba totalmente despistada, Yo estaba prácticamente…— Sus ojos oscuros se posan en Changmin, y su boca calla. Sus ojos se ponen enormes (posiblemente en el mismo momento en el que lo hacen los de Changmin) y una amplia sonrisa como del Gato de Chesire reemplaza cualquiera que fuese la expresión que estaba antes allí.

—Bueno, bueno, bueno. Si no es más que el pequeño príncipe fugitivo.










Cuatro



— ¡TÚ!

Hay una sacudida de brazos y piernas y una riña mientras Yoochun intenta contenerlo. Varias veces.

— ¡TÚ ROBASTE MI CÁMARA! ¡LA QUIERO DE VUELTA!

— ¡Changmin! Hyung, ¿¿En verdad se habían conocido antes??¿¿Cuál cámara??

—Yoochun, ¿No pudiste haber traído a casa algo más normal y que requiera menos mantenimiento? ¿Quizás un pájaro? ¿O una oruga?

— ¡DEVUELVELA! ¡DEVUELVEME MI CÁMARA! ¡LADRÓN! OJALÁ Y NO LE HAYAS HECHO NADA…

— ¿Se la robaste, hyung? ¿Está diciendo la verdad?

—…VOY A MATARTE SI ALGO LE HA PASADO…

De todas formas, ¿¿qué mierda está haciendo él aquí??

—…CÁMARA, NO CREAS QUE NO VOY A…

— Yo no fui el que lo trajo aquí, fue Jun-

— TODOS SIMPLEMENTE CALLENSE JODER.

La nueva voz rompe a través de la conmoción como una hoja de acero y un rápido, tenso silencio cae antes de que los tres se volteen. Yunho los mira molesto, una mirada asesina puesta sobre su rostro grisáceo. Sin vacilar se levanta, una mano sujetando su estómago, y cojea hacia ellos. Aun cuando está enfermo, él posee un aire que es suficientemente capaz de suprimir por el momento hasta la ira de Changmin hacia Jaejoong, y mientras se aproxima Changmin siente una ola de miedo que hormiguea a través de sus dedos.

— ¿Alguien va a decirme sobre qué demonios todos están gritando? — Sus oscuros ojos se mueven de Jaejoong a Yoochun antes de finalmente caer sobre Changmin, y se entrecierran (¿Con fastidio? ¿Enojo? ¿Sospecha?) — ¿Y tú quién demonios eres?

Changmin siente como si su boca ha sido cerrada con pegamento; La mirada intensa de Yunho es suficiente para hacerlo dudar. Las palabras que estaba a punto de lanzar a Jaejoong mueren en su garganta y simplemente le parpadea al otro chico.

— Hyung, él es Changmin, El amigo de Junsu. Él... él fue quien ayudo a pagar por la comida la última vez. — La voz de Yoochun sostiene un pequeño temblor. Quizás Yunho tiene ese efecto sobre todos. — Él y Jaejoong hyung aparentemente se han conocido antes—

¡BANG!

Un estallido de aire frio entra en la habitación en la que están parados y se voltean para ver a Junsu entrar, sus mejillas rojas del frío y su brazo sosteniendo una bolsa marrón de papel. Se detiene de inmediato en sus pasos cuando los ve a los cuatro allí, y la sonrisa que tenía puesta cuando entró se corre de su cara como agua de un carro recién encerado. A pesar de ello, Changmin siente un poco de alivio al ver el rostro de Junsu. Por alguna razón quiere acercarse a Junsu y abrazarlo (o quizás esconderse detrás de él).

— ¡Changmin! ¡Estás despierto! ¡Y Yunho hyung! ¿Ambos se sienten mejor? — Junsu mira de una persona a la otra con cautela. —… ¿Estoy interrumpiendo algo?

— Justo en el momento indicado, como siempre— Changmin oye a Jaejoong decir secamente.

— ¿Conoces a este chico? — Changmin encuentra un dedo apuntando a su cara. De Yunho.

— Si… es una larga historia, hyung. — Junsu se rasca la cabeza, haciéndolo lucir como un niño que sabe que está a punto de ser regañado.

— Muy bien, todas las historias largas terminan aquí. Todo el mundo hable ahora. — El tono de Yunho es severo, casi exigente. Él cruza sus brazos sobre su pecho y mira a cada rostro. La antorcha es dada a Junsu primero (seguido de una rápida mirada asesina de Yunho) y Changmin escucha como él cuidadosamente cuenta como se conocieron en la estación de trenes y luego la rápida mención del favor debido, seguido por los eventos del otro día (—Te vi corriendo. Lucias como si estabas a punto de morir del miedo. O estabas asustado o quizás era solo que no estabas acostumbrado a correr. De cualquier forma, te desplomaste así que te traje aquí). Yoochun se encoge de hombros despreocupadamente cuando todos se enfocan en él.

— Sólo estoy aquí para ayudar a pagar el favor— él dice, con una mano acariciando su nuca. Jaejoong levanta una ceja cuando es su turno de hablar, como si quisiera negar cualquier implicación.

— No tengo la menor idea de lo que este chico me está acusando—

Jaejoong.

— Está bien, está bien. Le robe la cámara el otro día. Era una Canon digital SLR. Una linda baratija.

Changmin internamente gruñe a las palabras y dagas son lanzadas en la dirección de Jaejoong.

— ¿Qué hiciste con la cámara, Jae? — Pregunta Yunho. Un ceño fruncido arruga los finos finos rasgos de Jaejoong (Changmin nunca ha visto un hombre que luzca más femenino), y su labio inferior sobresale un poquito para formar un pequeño puchero.

— Creo que eso es entre él y yo— sale la respuesta desafiante y Changmin espera que Yunho siga presionando (porque le parece que Yunho tiene la capacidad de sacar lo que sea de ellos), pero no lo hace. Gran parte de él todavía quiere estrangular a Jaejoong, pero las ganas pronto se le disipan, más para su desaliento, mientras Yunho se voltea a mirar a Changmin por más tiempo.

— No parece que eres de aquí— La palabra aquí es dicha como si tiene un doble significado. Changmin se moja los labios lentamente, sabiendo muy bien lo que el otro chico quiere decir. — ¿Quién y de dónde eres?

— Mi nombre… es Changmin— su corazón está acelerado de nuevo, pero no sabe si es solo por el miedo a los cuatro chicos frente a él o por miedo a revelar la verdad.

— Yo...Yo escape.

Yunho lo está estudiando, y Changmin casi siente como si los ojos oscuros están intentando ver a través de su alma para desenterrar algunos secretos ocultos.

— Ahora ¿Por qué un chico que luce tan bien como tú escaparía?

— Ahora soy un huérfano. — Se siente más real que lo que es la verdad. — no me queda nada.

— ¿Dónde te has estado quedando? — Yunho está frunciendo el ceño, pero ya no es tan penetrante. Bajo la débil luz fluorescente, sus fuertes rasgos sobresalen, haciéndolo lucir más pálido y más delgado de lo que ya es.

Aunque Changmin no puede negar que el color que tiene el chico en el momento no le afecta en algo en su verdadera apariencia; Yunho, incluso con un suéter y pantalón viejo y roto, es un demonio apuesto tanto como Jaejoong se parece (aunque en definitiva no actúa como uno) a un ángel.

— Bajo el puente Hangang.

— Rayos, con razón te enfermaste…— Oye a Yoochun murmurar. Yunho se le acerca.

— ¿Tienes algún plan?

Changmin recuerda el plan original, su plan a prueba de tontos, y como las circunstancias lo rompieron en pedazos y le cachetearon la cara. Recordar que toda la fuerza policial de Seúl está buscándolo hace que su corazón se hunda al fondo de su estómago. No va a poder salir de la ciudad. No ahora, al menos. Por ahora, sus alas tienen que ser cortadas.

— Ningún lugar… señor— coloca el título al final solo porque lo siente adecuado. — Voy a quedarme por ahora, pero voy a tener que irme eventualmente…

— Que Dickensiano* de tu parte...

— ¡Jaejoong! — Yunho espeta en un tono que recuerda a un maestro de escuela, pero Changmin no sabe si es porque de verdad está molesto o es porque tiene dolor. Nota que la mano que ha estado reposando sobre el estómago del chico ahora está formando un puño apretado que a veces suavemente empuja su vientre, como si masajeara un dolor. Quiere preguntar pero se decide a no hacerlo, no queriendo ser el recipiente único de una de las miradas asesinas del chico. Yunho se torna hacia Changmin, con su frente arrugada.

— Eres solo un niño… no puedes ser mayor que Su— Yunho mueve su cabeza. — Te vas a quedar aquí por el momento. Va a ser más cómodo aquí que debajo del puente Hangang de todas formas. Seguramente morirías con este clima. — Su voz carga un tono de irrevocabilidad y detrás de él, Junsu luce aliviado. Aunque Jaejoong, luce como si se hubiera tragado una rata entera, su cara tornándose con varios tonos de rojo.

— Yunho no puedes… ¡No puedes decirlo en SERIO!

— Jae… Es un bendito niño…

— ¡Que niño NADA! Este es nuestro apartamento así que necesitaras el consentimiento de todos. No voy a simplemente dejar que se quede… ¡Ni siquiera sabes quién demonios es! ¡Es probable que hasta trague como un bendito caballo!

— No tendría por qué si tan solo ME LA DEVOLVIERAS. — Changmin se encuentra a si mismo gritando en su defensa. (No se quiere quedar en esta sucia caja que hacen pasar por apartamento lleno de extraños, uno de los cuales le robo su cámara, pese a que su sentido común le está diciendo que, con este clima y toda la fuerza policial en alerta de cualquier rastro de él, es de hecho mejor).

— ¿Y qué si no lo hago? Tú pobre niño rico—

Jaejoong le ha agarrado el cuello de su franela con fuerza suficiente para hacer que Changmin se tropiece hacia adelante. Hay un audible riiipppp** cuando Yunho agarra su hombro y lo retiene. (— ¿Qué demonios, Jae? ¡Sé razonable! —). Hay un empuje violento (Jaejoong) que Changmin supone que debió haber sido para él, pero es otro el que da un traspié hacia atrás, es otro el que cae al piso con un doloroso golpe. Todo paso tan rápido, y a la vez tan lento. Cuando Changmin vuelve a abrir sus ojos, es Yunho quien está en el piso de lado, temblando visiblemente, y Jaejoong quien está de pie junto a él, con los puños aún apretados, y una mirada de horror en su rostro.

Yunho no se levanta. En lugar de ello, sostiene su estómago y tose. Algo brota de su boca, creando un desastre que se le pega a su ropa, a su cabello. — Mierda... — es la última cosa que dice antes de encogerse de hombros y quedarse completamente quieto. Changmin siente como la fuerza deja sus rodillas y cae al piso mientras todo de repente se mueve rápidamente a su alrededor.

— ¡HYUNG!

— ¡Joder! ¡Yunho!

Hay un alboroto. Yoochun ha llegado primero a Yunho y lo está abrazando desde atrás (— ¡Yah, hyung! ¡Abre los ojos! —). Junsu se ha ido a buscar un vaso de agua. Jaejoong está de rodillas, gritándole a todo el mundo (— ¡Junsu, apúrate! ¡Yunho! ¡YUNHO! Bastardo, TE DIJE que comieras, cabeza dura hijo de perra. ¡Perdón por haber gritado! ¡Lo siento! —), pero su voz está temblando terriblemente, la careta engreída ha desaparecido, su rostro de repente húmedo. El cuerpo de Yunho se sacude mientras despierta, pero inmediatamente se pone en posición fetal, aún tiembla, sus manos están blancas mientras se aferran al suéter de Yoochun, sus ojos cerrados con fuerza, y su boca abierta mientras tose y jadea secamente una y otra vez una y otra vez. Nadie recuerda que Changmin aún está allí.

Este chico se está muriendo.

Changmin está aterrorizado, petrificado. Quiere escapar de la escena, pero se queda pegado al piso. Un frio sentimiento recorre su cuerpo y su garganta se siente como si se ha sellado.

Se está jodidamente muriendo justo ante mis ojos. Como ella lo hizo.

Y antes de poder evitarlo, su boca se abre y lo que estaba contenido en su estómago se derrama sobre el piso.





*Dickenson: En el original, Dickensian. Se refiere a que es alusivo a los lugares y situaciones que comúnmente se mostraban en los escritos de Charles Dickens, tales como la pobreza y la injusticia social y otros aspectos de La Inglaterra Victoriana. (ref.: http://en.wiktionary.org/wiki/Dickensian)
**riiipppp: Lo dejé igual que en original y, por si no se entiende, es el sonido de la tela cuando se rompe.




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